Seis jóvenes afrodescendientes de Timbiré y Maldonado, al norte de la provincia de Esmeraldas, hoy estudian agronomía en la Universidad Nacional de Agricultura, en Catacamas, Honduras. Una historia que demuestra que el acceso a la educación superior puede transformarse cuando hay oportunidades reales y personas dispuestas a tender puentes.
¿Por qué esto nos llena de profunda emoción? Porque no ocurre en el vacío. En Ecuador, el acceso a la educación superior no es igual para todos. Según el Ministerio de Educación (2022–2023), el 91 % de los estudiantes se identifica como mestizo, mientras que apenas el 1 % es afroecuatoriano. De ese grupo, el 58 % se concentra en la provincia de Esmeraldas. A nivel nacional, el 76 % de los estudiantes vive en áreas urbanas y solo el 24 % en zonas rurales, donde estudiar una carrera universitaria implica recorrer distancias mayores, asumir costos más altos y superar barreras estructurales históricas. Que seis jóvenes de comunidades rurales del norte de Esmeraldas hoy estén cruzando fronteras es también hablar de posibilidad, de un futuro que muchas veces se les es negado.
Esta es a la realidad a la que lxs chicxs se enfrentan
Detrás de esta oportunidad está Víctor Arboleda, joven agrónomo afrodescendiente que creció en Esmeraldas, en el cantón Eloy Alfaro, para ser más exactos en la parroquia Timbiré
Víctor conoce de primera mano lo que significa querer estudiar y que haya limitaciones de por medio. Su propia experiencia estuvo atravesada por barreras económicas, territoriales y estructurales, pero también por la convicción de que la educación puede transformar comunidades enteras.
En su afán de lograrlo, obtuvo una beca en la Universidad de Ciencias Agrícolas “Earth” de Costa Rica. Después de graduarse como agrónomo Víctor trabajó en Estados Unidos, pasó por el sector bananero en Guayaquil, y luego regresó a Esmeraldas para trabajar con el Ministerio de Agricultura.
En 2023, mientras trabajaba en Ohio State University, tuvo la oportunidad de visitar Honduras. Allí descubrió que la Universidad Nacional de Agricultura (UNAG) ya contaba con estudiantes ecuatorianos, pero solo de intercambio. Fue entonces cuando surgió la pregunta clave: ¿Y si esta oportunidad pudiera llegar también a jóvenes afrodescendientes del norte de Esmeraldas? No solo como intercambio sino como algo a más largo plazo.
No se trataba solo de estudiar fuera del país, sino de llevar oportunidades a donde históricamente no han llegado.
El decano de la universidad hondureña recibió la propuesta con entusiasmo y abrió las puertas para promocionar la beca
La beca permitió que estos seis jóvenes ingresaran a la (UNAG) para estudiar carreras como: agronomía, zootecnia, medicina veterinaria e ingeniería de alimentos.
¿Cuáles eran los beneficios?
El proceso de convocatoria no solo evaluó notas o conocimientos técnicos.Se buscaban jóvenes con liderazgo comunitario, compromiso con su territorio y vocación por el trabajo rural.
Para Víctor, estudiar agronomía no es solo aprender sobre cultivos o producción: es una herramienta para fortalecer comunidades, mejorar la soberanía alimentaria y construir desarrollo desde el campo.
Interesarse por la agronomía es importante
Nuestro entrevistado también reflexiona sobre cómo, al crecer en zonas rurales, muchas veces se aspira a carreras que impliquen alejarse del campo, como medicina o administración.Sin embargo, la agronomía sigue siendo una carrera fundamental, capaz de generar cambios profundos y sostenibles en las comunidades rurales.Es por eso que, el programa no se detiene aquí. Se piensa que la beca podría expandirse a nivel nacional, y que el próximo año se espera seleccionar a diez nuevos estudiantes.
La apuesta va mucho más allá de esta beca: se trata de seguir preparando a las juventudes de Esmeraldas, de brindarles herramientas y oportunidades que les permitan construir un mañana mejor,
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