Han pasado casi tres semanas y el gobierno insiste en que todo está bajo control. Tanto así que las noticias han mermado, el interés ha disminuido y el mundo cree que esto se ha calmado. Pero no es así. ¿Será que el petróleo se evaporó mágicamente? ¿O simplemente esperan que nos acostumbremos a vivir entre el desastre? La comunidad sigue enfrentando las consecuencias, mientras las autoridades intentan minimizar la crisis. Y nosotros seguiremos haciendo ruido hasta obtener una reparación digna.
El derrame del 13 de marzo soltó 25.116 barriles de crudo en los ríos Caple, Viche y Esmeraldas, afectando a cinco cantones: Esmeraldas, Atacames, Rioverde, Quinindé y Muisne. Aunque Petroecuador asegura que ha recuperado residuos, las manchas de petróleo persisten en agua y playas. ¿Será que el crudo se aferra más al territorio que las mismas autoridades?
El impacto es innegable: 242 hectáreas de manglares amenazadas, más de 4.400 pescadores sin sustento y 500.000 personas con acceso limitado a agua potable. La crisis sanitaria y ambiental sigue en curso, pero el gobierno habla de recuperación como si la contaminación y el daño a la gente desaparecieran con un decreto.
El Municipio de Esmeraldas declaró emergencia ambiental y continúa con la entrega de agua y alimentos a las comunidades afectadas. Mientras tanto, Petroecuador destinó 700.000 dólares en indemnizaciones. ¿Cuánto es eso por persona? ¿Alcanza siquiera para comprar agua embotellada durante un mes? Se han colocado diques de contención, pero las fuertes lluvias han complicado aún más la remediación, arrastrando residuos de petróleo y dificultando los trabajos de limpieza. ¿cuántas crisis simultáneas puede ignorar el gobierno antes de aceptar su responsabilidad?
Por su parte, la ministra de Energía, Inés Manzano, primero habló de sabotaje y, tras ser desmentida, ahora afirma que «Esmeraldas no tiene novedades». ¿En qué realidad vive? ¿Será que el petróleo también se ha vuelto invisible para ella?
En medio de esta crisis, la Asamblea Nacional aprobó una ley para otorgar regalías a Esmeraldas, Santa Elena y Sucumbíos por cada barril de petróleo industrializado. Se promete invertir en agua potable, infraestructura y medio ambiente, pero la pregunta sigue en el aire: ¿estos recursos realmente llegarán a las comunidades afectadas? ¿O terminarán financiando oficinas con aire acondicionado mientras los esmeraldeños seguimos pagando los platos rotos? O bueno, los oleoductos rotos.
Todos dan por resuelto el desastre ambiental que hoy tiene a Esmeraldas en crisis. Sin embargo, siguen habiendo personas que no pueden regresar a sus hogares, siguen sin poder trabajar en sus labores de toda la vida como la pesca. Los ríos y el mar siguen contaminados, las comunidades continúan sin acceso seguro al agua potable, y la ayuda estatal sigue siendo insuficiente. ¿Realmente todo está resuelto? ¿O solo estamos viendo cómo se repite la historia de la desidia estatal? Esto no ha terminado. La contaminación sigue, la gente sigue exigiendo respuestas y el Estado sigue actuando como si nada hubiera pasado. Pero aquí estamos, y seguiremos exigiendo justicia hasta que Esmeraldas reciba la reparación que merece. ¿O tendremos que esperar a que otro derrame nos coloque en la retina del resto del país?
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