Desde el Colectivo Mujeres de Asfalto, Amandla Medio Digital, Miradas Negras y las Asambleas Populares, junto a nuestros proyectos de base, expresamos nuestra profunda indignación y preocupación frente a la información difundida recientemente, a partir de los supuestos resultados obtenidos de la plataforma Osint-360, por el excandidato Jan Topic —y sí, excandidato a secas— porque nos negamos rotundamente a reconocerlo como “experto en seguridad”, como insisten en nombrarlo ciertas esferas de la opinión pública. No puede llamarse seguridad a una lógica que no busca el bienestar integral, ni respuestas que permitan la reparación y justicia para quienes habitamos la provincia,   sino que insiste en el exterminio de los mismos cuerpos de siempre: cuerpos cansados de sobrevivir, cuerpos históricamente expuestos al abandono y al abrasivo olvido estatal.

Topic afirma, la presunta existencia de más de “50 marcadores criminales” vinculados a minería ilegal y estructuras armadas en la frontera norte del Ecuador, e insta —con una autoridad que nadie le ha otorgado— a replicar en Esmeraldas lo ocurrido en la ciudad de Fallujah, Irak.

En Fallujah, el ejército estadounidense dio apenas 24 horas a la población civil para evacuar y luego bombardeó la ciudad como parte de su estrategia de ocupación en Irak. La ofensiva dejó una ciudad devastada, un reporte de Amnistía Internacional reveló el 24 de noviembre de 2004 que, 600 civiles fueron asesinados por tropas estadounidenses, Cruz Roja detalló 800 en casi 1 año del ataque en la ciudad de Fallujah. El informe de Wikileaks por Julian Assange detallan 109.032 muertes en Irak, de las cuales 66.081 fueron civiles; 23.984 fueron enemigos (aquellos etiquetados como insurgentes); 15.196 fueron de la nación anfitriona (fuerzas del gobierno iraquí) y 3.771 fueron aliados (fuerzas de la coalición). La mayoría de las muertes (66.000, más del 60%) fueron civiles. Esto significa que 31 civiles murieron cada día durante 6 años. El riesgo de muerte en el pico del conflicto en 2006 casi se triplicó para los hombres y aumentó en un 70% para las mujeres, hasta 2011 alrededor de 2.000.000 de iraquíes fueron desplazados producto de la guerra.

Además hay denuncias por el uso de armas no convencionales como el fósforo blanco, lo que implicaría un crimen de guerra, esto no logró erradicar a los grupos insurgentes, que se replegaron o reaparecieron años después. Dos décadas más tarde, Fallujah sigue sin poder recuperarse. La ciudad se convirtió en uno de los símbolos más brutales del ocupacionismo estadounidense tras la invasión a Irak, más del 40% de Fallujah fue destruida, una guerra ilegal según Naciones Unidas, basada en una mentira de Estado y sostenida durante años “Las armas de destrucción masivas” a costa de cientos de miles de vidas, territorios arrasados y generaciones marcadas por el trauma. La destrucción no trajo estabilidad ni mucho menos seguridad. ¿Ese es el modelo que se pretende ejecutar en Esmeraldas?

Hablar de seguridad exige una responsabilidad ética y moral, una noción básica de humanidad. Hablar de minería ilegal en Esmeraldas no puede reducirse al presente inmediato sin mirar las condiciones históricas que han configurado este territorio. No se puede seguir proponiendo más muerte en un lugar donde la muerte nunca ha sido solución.

La frontera norte de este país ha sido permanentemente disputada, convenientemente olvidada y recordada. Esmeraldas no es el escenario de ningún oportunista que pretende hacer shows cuando le plazca. Aquí se vive una política constante de desarraigo: la resignación a tener que huir de aquello que se ha construido en comunidad. No se puede hablar de esto como si fuera algo nuevo, cuando el despojo aquí es experiencia hecha carne. No es justo.

Es hasta insultante hablar de “evacuaciones” al estilo Fallujah cuando el Estado ecuatoriano no ha demostrado la más mínima responsabilidad política con la población esmeraldeña. Es fácil hablar de evacuar cuando se tiene a dónde ir. Hoy, sin que exista una ofensiva militar, cientos de familias ya se han visto obligadas a desplazarse por: el derrame de 25.117 barriles de petróleo en marzo de 2025, que envenenó ríos, contaminó el aire y puso en riesgo la vida de miles de personas; el sismo de 6.3 grados que destruyó todo a su paso y dejó una vez más a la población esmeraldeña en la nada; y la violencia sostenida que hoy asfixia a la provincia. A esto se suma que la pobreza multidimensional en Esmeraldas afecta entre el 57,1% y el 60% de su población en los últimos años, muy por encima del promedio nacional del 38,1% ¿Evacuar? ¿Con qué recursos? Hasta hoy, el Estado ecuatoriano no solo ha incumplido la reparación debida, sino que continúa profundizando su deuda histórica con Esmeraldas. Frente a este contexto, ¿proponer una atrocidad de esta magnitud tiene siquiera algún sentido básico de humanidad o de memoria?

En una provincia donde el 53,8 % de la población es negra y afrodescendiente y el 3, 4% pertenece a la población índigena, no es casual que se normalice el discurso de la muerte. Estas cifras representan comunidades que llevan siglos resistiendo en un territorio consolidado como plurinacional y multiétnico, no es deliberado que la blanquitud quiera borrarlas: forma parte de un proyecto político que las invisibiliza y las construye como prescindibles. El racismo estructural permea en lo más profundo de todas las narrativas oficiales haciendo posible que determine, de forma impune y descarada, quién tiene derecho a existir y quién no. La necromasculinidad que impone un mandato de hombres armados dispuestos a repartir muerte en nombre de la soberanía, la seguridad como negocio y la política como moneda de cambio. En Esmeraldas conocemos la muerte hasta el hartazgo. La pregunta urgente es ¿cuándo hablaremos de la vida? Esmeraldas no necesita pensar a dónde escapar. Esmeraldas merece saber que el territorio donde nació sigue siendo un lugar donde se puede echar raíces, construir presente y futuro. Ya no necesitamos más discursos de guerra. Necesitamos que quienes concentran el poder y los recursos asuman su responsabilidad histórica y actúen en favor de la vida.

Rechazamos categóricamente el plan de Jan Topic en bombardear el norte de Esmeraldas, instamos y exigimos a cualquier actor político, medio de comunicación y periodistas independientes a realizar un trabajo situado que exija al estado que garantice mecanismos para producir la vida, porque desde afuera es muy fácil construir un relato que nos posiciona como territorio sacrificable con habitantes descartables.

Nos remitimos al principio irrestricto del humanismo negro donde posicionamos ante este relato de muerte que “Las Vidas Negras Importan”

Referencia bibliográfica:

Hagopian A, Flaxman AD, Takaro TK, Esa Al Shatari SA, Rajaratnam J, et al. (2013) Mortality in Iraq Associated with the 2003-2011 War and Occupation: Findings from a National Cluster Sample Survey by the University Collaborative Iraq Mortality Study. PLoS Med 10(10): e1001533. doi:10.1371/journal.pmed.1001533

Organización Internacional para las Migraciones (febrero de 2011). Análisis del desplazamiento y el retorno en Irak, febrero de 2011. Ginebra: Organización Internacional para las Migraciones. Disponible en: http://www.iomiraq.net/Documents/Five%20Years%20of%20post-Samarra%20Displacement%20in%20Iraq,%20Feb%202011%20EN.pdf . Consultado el 18 de septiembre de 2013.

Burnham G, Hoe C, Hung YW, Ferati A, Dyer A, et al. (2011) Percepciones y utilización de los servicios de atención primaria de salud en Irak: hallazgos de una encuesta nacional de hogares. BMC Int Health Hum Rights 11: 15. 

Wikileaks (22 de octubre de 2010) Registros de la guerra de Irak [archivo]. Disponible en: http://wikileaks.org/irq/ . Consultado el 10 de septiembre de 2013.rica y actúen en favor de la vida.

Amandla Medio