Joselyn Patiño, Galápagos

Fundadora de “The Magic Black Girls”

En Ecuador existe la idea de que no hay negros en Galápagos. Si se pregunta a un niño o una niña negra cómo se considera, este responderá que es mestizo.

Cuando organicé el primer conversatorio sobre las identidades afro en Galápagos, esa palabra tuvo tal impacto que en dos semanas se creó un grupo de unas veinte niñas interesadas en el tema. Tuve la oportunidad de enseñarles que somos negras y que no necesitamos inmiscuirnos en otras culturas para agradar a los demás.

Yo vivo en Guayaquil pero soy de Santa Cruz (Galápagos). En la isla, además de nuestros problemas de desunión y de definición de nuestras identidades, sufrimos problemas más básicos como la carencia de servicios.

Por ejemplo, no contamos con un servicio de agua potable.

Lo que hacemos es convertir el agua del mar en agua “salubre”, pero no es totalmente potable. Eso provoca que, desde una edad temprana, muchas personas padezcan de infecciones como la salmonela.

En la pandemia, las autoridades no cortaron el agua a nadie pero impusieron una capacidad máxima de consumo. Si alguien se pasaba, la tarifa subía. Esa es nuestra realidad: facturas y costos de servicios básicos excesivamente elevados.

En Galápagos se subsiste, principalmente, del turismo. Muchos, ahora, se encuentran sin trabajo. Ante la falta de respuesta del Estado, se han realizado varias movilizaciones. El gobierno local no ha tomado ninguna medida sobre la situación económica, solo insisten que hay que esperar las directivas de las autoridades superiores.

Las pocas personas que tienen algún espacio de tierra han tomado la iniciativa de volver a la agricultura, creando mingas comunitarias e invitando a familiares o amigos a sembrar. Poco a poco se está reactivando este tipo de economía, donde cada uno aporta a la comunidad con lo que tiene.

Frente a la falta de insumos médicos y para protegernos de los contagios, lo único que pudimos hacer fue quedarnos en casa. Esto generó dos tendencias opuestas. Algunas familias han podido estrechar sus lazos y los niños se han acercado más a sus padres, pero la otra tendencia fue el aumento de la violencia de género e intrafamiliar.