Nada de lo que ocurre hoy en Minnesota es accidental. Los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti, el miedo que atraviesa a familias migrantes y a infancias ecuatorianas responden a una misma lógica: una política de “seguridad” que decide dónde y sobre quién ejercer la fuerza. Por eso la pregunta no es solo qué hace el ICE en ese estado, sino por qué eligió ese lugar para hacerlo con tanta intensidad.
Desde diciembre de 2025, el Gobierno federal desplegó la “Operation Metro Surge», enviando más de 3.000 agentes federales, al menos 2.000 del ICE y 1.000 de la Patrulla Fronteriza, a este estado. Minnesota fue elegido porque allí la migración no es transitoria ni invisible: es parte de la vida cotidiana. De acuerdo a datos de 2023 del Consejo Americano de Inmigración, 482.400 personas migrantes viven en el estado, más de la mitad son ciudadanas naturalizadas; el 8,4 % de la población nació fuera de EE. UU. y el 5,3 % de los nacidos en el país tiene al menos un padre inmigrante.
Estas cifras lejos de demostrar algún tipo de amenaza, evidencia una comunidad arraigada. Los migrantes sostienen el 10,8 % de la fuerza laboral, casi el 10 % de los emprendimientos, el 14,5 % del trabajo en ciencia y tecnología y el 15,7 % de la manufactura. Hay 40.300 niños inmigrantes creciendo allí. Justamente por eso, el despliegue del ICE funciona como un mensaje disciplinador: la pertenencia no garantiza protección.
Esta política se rigen sobre un terreno donde las desigualdades raciales ya estaban abiertas: en Minneapolis, los afroestadounidenses —cerca del 12 % de la población— concentraron el 26,4 % de las muertes a manos de la policía entre 2015 y 2019, según registros periodísticos. El asesinato de George Floyd en 2020 expuso al mundo la violencia racial estructural que atraviesa la ciudad y sigue marcando cómo las fuerzas del orden siguen representando un peligro inminente para comunidades enteras,
En ese contexto, ninguna política migratoria es neutral. Cuando el ICE mata a Renée Good y a Alex Pretti, ambos ciudadanos estadounidenses, no está fallando: está mostrando hasta dónde llega una lógica estatal que convierte la “seguridad” en permiso para la violencia. Así se instala el fascismo contemporáneo: no con tanques, sino con agencias, discursos legales y cuerpos marcados como prescindibles.
Esto debería importarnos a todxs porque Minnesota refleja lo que sucede cuando los gobiernos utilizan la necesidad de seguridad para justificar violencia y restringir derechos. En Ecuador, el gobierno de Daniel Noboa ha recurrido a discursos de “seguridad” y a la ampliación de poderes del Estado como herramientas para enfrentar problemas sociales, normalizando que la fuerza sustituya la protección y la justicia. La experiencia de Minnesota nos recuerda que esa lógica, disfrazada de legalidad, puede perpetuar el miedo y la injusticia, erosionando derechos fundamentales de toda la población, migrantes y ciudadanos por igual.
Cuando un Estado decide que la respuesta a la diversidad, a la movilidad y a la ciudadanía sea la fuerza, no solo pone en riesgo a quienes están siendo atacados hoy: pone en riesgo la posibilidad de vivir con dignidad y seguridad para todos. Por eso lo que ocurre en Minnesota debe importarnos aquí y ahora.
- ¿Por qué en Minnesota y por qué debe importarnos a todxs? - enero 28, 2026
- En un país donde la vida parece no valer nada, ¿qué esperanza le queda a nuestras infancias? - enero 27, 2026
- Cuerpos que el sistema no sabe cuidar - enero 22, 2026