Por: Sarah Salazar Elbert

Escribir sobre Rick en el marco de la Conmemoración del Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia, del 17 de mayo, es hablar sobre una superficie donde se producen silencios, indiferencia y donde la impunidad es una respuesta política que nos debería llevar a profundizar sobre el horizonte de esta fecha, y, quizás preguntarnos si las conquistas de derechos alcanzan cuando el odio es transversal a nuestras vidas.  

No es únicamente narrar la historia de un adolescente cuya vida fue segada como consecuencia del bullying, del hostigamiento, de la palabra como símbolo de no pertenencia, de rechazo; es hablar ahora en más de como ese acto propio, de aparente autodeterminación no ocurre en el vacío sino que es parte de una carrera que libra la culpa, que te deja sin opciones que como menciona Alana Portero, “ el miedo que se pasa en el armario fabrica monstruos a partir de sombras chinescas”, en este caso particular Rick no temía relucir sus colores, ese armario, ese gran yugo de crueldad cotidiana lo vivió en un espacio donde debió ser protegido. 

Por eso escribir sobre Rick también significa escribir sobre responsabilidad social. Sobre las instituciones educativas que, en ocasiones, prefieren proteger su imagen antes que reconocer sus fallas. Sobre sistemas que reaccionan más rápido para defenderse de las denuncias que para proteger a las víctimas. Sobre el miedo colectivo a nombrar la discriminación, sobre el silencio de quienes prefieren decir, que no hay suficientes elementos para tratar este caso como lo que es un resultado que imprime el odio desde la normalización, desde la carcajada ahogada que violenta tu existencia que vuelca todas las miradas hacia ti, para despojarte. 

Y en medio de todo eso aparece Roxana, su madre. Una madre que no solo atraviesa el duelo irreparable de perder a su hijo, sino que además enfrenta persecución, desgaste emocional y hostilidad por exigir justicia. Es desolador que, en ese ejercicio, de accesibilidad a una respuesta por parte del Estado, que utiliza el “Archivo” como forma institucional de poner un parche sobre una realidad que debe ser investigada. Sea ella ahora la que deba defenderse, por cuanto exigir e insistir sobre justicia, memoria y reparación desafía al olvido. 

Escribir sobre Roxana hoy significa reconocer el enorme peso político y humano de una madre que se niega a dejar que el nombre de su hijo desaparezca. Su lucha deja de ser únicamente personal para convertirse en una denuncia colectiva. Víctor Carreño, de Edición Cientonce entrevistó a Roxana y me hago eco de sus palabras “El sistema educativo falló en proteger a Rick y hoy ha decidido utilizar todo su poder para perseguirme. Es inaudito y vergonzoso que el Ministerio de Educación, a través del jefe jurídico del distrito, haya formalizado una denuncia penal en mi contra por presunto delito de violación a la intimidad”. Sus palabras son un llamado a despertar y nombrar la descarnada respuesta institucional como esa superficie donde la impunidad es parte de un ecosistema de silencios, de olvidos y de fracasos. 

Rick merece memoria. Roxana merece acceder a una justicia que no la rompa por gritar que fue producto de una DISCRIMINACIÓN SISTEMÁTICA, que ese camino que recorrió Rick, es parte de un engranaje de voluntades y actos que sostienen la indiferencia y el odio. Hoy, escribir sobre ambos implica un acto de resistir e implica asumir que el silencio nunca puede estar por encima de la verdad.

Amandla Medio