por: Valeria González y Andrés Caicedo
En el marco de la conmemoración del 8 de marzo (8M), se llevó a cabo un proceso de producción audiovisual centrado en la realización de entrevistas a seis mujeres que desempeñan distintos oficios en la ciudad de Esmeraldas: Adriana Saltos, llantera e ingeniera comercial; Elsa Quiñónez, socióloga; Erika Mideros, maestra de danza afroesmeraldeña; Graciela Loor, taxista; Jessenia Micolta, emprendedora gastronómica; y Norma Enríquez, comerciante de mariscos. El objetivo fue no sólo registrar sus testimonios, sino también evidenciar sus dinámicas laborales en tiempo real y la interacción con sus entornos cotidianos.
El proceso inició con la identificación y selección de mujeres trabajadoras que desarrollan sus actividades en espacios como el puerto pesquero artesanal, el mercado, el transporte y otros oficios históricamente considerados “masculinizados”. A través de las experiencias de las participantes, fue posible acercarse a distintas realidades laborales y formas de sostenimiento de la vida en la ciudad, visibilizando tanto el trabajo cotidiano como los desafíos que enfrentan en sus entornos laborales.
Las entrevistas se realizaron directamente en sus lugares de trabajo, lo que implicó un reto metodológico importante, ya que no se trató de conversaciones en un entorno estático, sino en medio de sus actividades cotidianas. Es decir, las participantes continuaban trabajando mientras eran entrevistadas, lo que permitió captar una experiencia más auténtica y cercana a sus realidades. Este proceso evidenció la diferencia entre una entrevista tradicional y una entrevista en contexto, donde la cámara acompaña el movimiento, el esfuerzo físico y las interacciones del día a día.
A partir de estas experiencias, también se hizo evidente que las mujeres han sido parte fundamental del sostenimiento de los hogares y de la economía. Sin embargo, el trabajo, especialmente el vinculado al cuidado, el hogar y la comunidad, ha sido sistemáticamente invisibilizado o poco valorado. Aunque hoy existe una mayor presencia femenina en distintos espacios laborales, las desigualdades persisten.
En Ecuador, y particularmente en Esmeraldas, las mujeres representan una parte significativa de la fuerza productiva del país. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) de 2022, se estima que constituyen alrededor del 42 % de la Población Económicamente Activa. Sin embargo, este dato no logra reflejar completamente el trabajo no remunerado que realizan diariamente dentro de sus hogares y comunidades.
Esto se evidencia en las voces recogidas durante las entrevistas. Adriana Saltos, una de las mujeres entrevistadas, expresó: “Yo soy llantera y llevo aproximadamente 8 años trabajando y, a raíz de la muerte de mi padre, me hice cargo del negocio familiar”.
Estos testimonios muestran que el trabajo de las mujeres no solo está presente, sino que es constante. Aun así, sigue siendo minimizado, especialmente cuando ocurre en el ámbito doméstico o informal. Muchas mujeres sostienen jornadas dobles o triples: trabajan fuera del hogar y, al mismo tiempo, asumen la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidado. Esto demuestra que, aunque las mujeres siempre han trabajado, no siempre han sido reconocidas ni en términos económicos ni sociales.
La situación de las mujeres trabajadoras en Esmeraldas
En territorios como Esmeraldas, estas desigualdades se profundizan debido a factores como la pobreza, la falta de oportunidades laborales y el abandono estructural. Las mujeres no solo participan en actividades económicas formales e informales, sino que también sostienen la vida comunitaria en contextos muchas veces marcados por la precariedad.
Las entrevistas realizadas reflejan esta realidad de manera directa. Jessenia Micolta, emprendedora gastronómica, expresó: “Lo más duro es sacar fuerza de donde no hay para sacar mi negocio adelante, y este es el medio en donde vivimos; si no trabajo, no comemos”.
A nivel nacional, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) de 2022, el 38,5 % de los hogares ecuatorianos está encabezado por una mujer, lo que evidencia que muchas de ellas son las principales responsables del sustento económico de sus familias.
En Esmeraldas, esta situación se agrava por las limitadas oportunidades laborales y el alto nivel de informalidad. Muchas mujeres deben emprender por necesidad o asumir múltiples roles para sostener sus hogares. Como señaló una de las participantes: “No es que una elige, es que toca. Toca ser fuerte por los hijos”.
Estos relatos no solo muestran historias individuales, sino también una realidad colectiva: mujeres que sostienen la vida en medio de condiciones difíciles, muchas veces sin el reconocimiento ni el respaldo suficiente.
Un elemento en común en todos los testimonios fue la constante referencia a la fe y la resistencia. Las entrevistadas coincidieron en que trabajan por la necesidad de llevar sustento a sus hogares, priorizando el bienestar de sus hijas e hijos por encima de otras condiciones. Asimismo, muchas de ellas dejan de lado aspectos personales, como el tiempo para sí mismas o su apariencia, para enfocarse en el cumplimiento de sus responsabilidades diarias.
En conjunto, el proceso de realización de estos videos permitió no solo documentar historias individuales, sino también visibilizar las condiciones reales en las que estas mujeres desarrollan su trabajo, evidenciando tanto los desafíos como las redes de apoyo que construyen en sus espacios laborales.
Importancia de la visibilización de estas historias
La visibilización de estas historias resulta fundamental, ya que permite reconocer la diversidad de realidades que viven las mujeres en distintos contextos laborales y sociales. Aunque durante las entrevistas se identificaron ciertos puntos en común, cada una de las experiencias recogidas está marcada por condiciones, horarios, espacios y exigencias diferentes.
Las mujeres entrevistadas desarrollan sus actividades en múltiples entornos: algunas permanecen largas jornadas de pie; otras realizan trabajos físicamente demandantes, como la limpieza de pescado o la reparación de vehículos; mientras que otras combinan saberes tradicionales, como el uso de especias y plantas propias del territorio. Esta diversidad evidencia no solo distintas capacidades, sino también diferentes formas de resistencia y adaptación frente a las condiciones laborales.
Asimismo, es importante destacar que el trabajo de estas mujeres no se limita únicamente a sus oficios. A esta carga laboral se suma el trabajo doméstico y de cuidado, el cual, en la mayoría de los casos, no es remunerado ni reconocido socialmente. Las mujeres cumplen roles fundamentales dentro y fuera del hogar: preparan alimentos, cuidan y educan a sus hijas e hijos, mantienen el orden del espacio doméstico y, en muchos casos, también asumen responsabilidades afectivas y familiares adicionales.
Esta doble jornada laboral y doméstica implica un esfuerzo constante que muchas veces pasa desapercibido. Por ello, visibilizar estas historias no solo permite reconocer su trabajo, sino también cuestionar la normalización de estas cargas desiguales.
Dar a conocer estas realidades contribuye a generar conciencia social sobre el valor del trabajo de las mujeres, tanto dentro como fuera del hogar. Además, abre espacios para el reconocimiento, el respeto y la reflexión sobre la necesidad de construir condiciones más equitativas.
En este sentido, la visibilización se convierte en una forma de reivindicación, ya que permite otorgar valor a labores que históricamente han sido ignoradas o minimizadas, y reconocer el esfuerzo sostenido de mujeres que, día a día, trabajan para garantizar el bienestar de sus familias y comunidades.
- Las mujeres que mueven Esmeraldas: oficios, resistencia y memoria - mayo 23, 2026
- Rick, memoria, justicia y resistencia - mayo 19, 2026
- “Voces contra la heteronorma: ¿Por qué hacer memoria sigue siendo vital?” - mayo 18, 2026