Desde el 27 al 29 de agosto de 2026 tuve la oportunidad de participar en el Encuentro de Juventudes por el Acuerdo de Escazú (ENJUVES 2026),que se llevo a cabo en Bogota, Colombia donde fue un un espacio que reunió a cerca de 60 jóvenes de 18 países de América Latina y el Caribe para compartir experiencias, aprendizajes y reflexiones sobre la participación juvenil, la defensa de los territorios, los derechos humanos y la justicia ambiental.
Durante dos días de talleres, desarrollados en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano (UTADEO), pudimos intercambiar conocimientos y reflexionar sobre los desafíos que enfrentamos desde nuestros territorios. Estos espacios permitieron reconocer que la implementación del Acuerdo de Escazú necesita de juventudes activas y de comunidades que puedan conocer, comprender y ejercer sus derechos.



El Acuerdo de Escazú es un tratado regional que busca garantizar el acceso a la información ambiental, la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales. También reconoce la importancia de proteger a las personas defensoras del ambiente y los derechos humanos.
Uno de los momentos más significativos del encuentro fue la salida de campo al territorio ancestral del Cabildo Indígena Muysca de Suba, específicamente al Santuario Muysca “Chunsua”. Esta experiencia nos permitió acercarnos a los conocimientos, prácticas y formas de relacionamiento con la naturaleza del pueblo Muysca.


Llegar a Chunsua fue comprender que el territorio no puede ser visto únicamente como un espacio geográfico. Para el pueblo Muysca, este es un territorio sagrado donde conviven la memoria, la espiritualidad, el trabajo comunitario y la transmisión de conocimientos entre generaciones.
Durante la visita también conocimos los procesos de restauración ambiental, recuperación cultural y fortalecimiento de la identidad que impulsa la comunidad. Estuvimos acompañados por la Guardia Indígena Muysca, quienes nos guiaron durante el recorrido y nos permitieron conocer parte de su historia, sus saberes y su relación con el territorio.


Esta salida de campo fue mucho más que una visita. Fue un espacio de escucha, aprendizaje y encuentro intercultural. Nos recordó que la protección ambiental también se construye desde los conocimientos ancestrales y desde las formas tradicionales de relacionarnos con la naturaleza.
Para mí, como joven de Ecuador y desde mi experiencia vinculada a las comunidades negras de Esmeraldas, este encuentro también significó llevar una reflexión sobre nuestras propias realidades.
Durante estos espacios planteé la importancia de que las políticas y acuerdos internacionales no se queden únicamente en documentos o reuniones institucionales. Existe una desconexión cuando estas políticas no son democratizadas y no llegan de manera clara a los territorios y a las poblaciones que enfrentan directamente las problemáticas ambientales.
También considero fundamental hablar de la participación de las comunidades negras en estos espacios.
Las voces negras no podemos ser utilizadas únicamente para llenar un espacio de representación. No queremos estar presentes solamente para una fotografía o para demostrar que existe diversidad. Queremos que nuestras experiencias, conocimientos y propuestas sean escuchadas y tengan una incidencia real en las decisiones.
Nuestros territorios son ríos, manglares, bosques, playas, cultura, memoria, identidad y vida. Por eso, hablar de justicia ambiental también implica reconocer las desigualdades históricas y las diferentes formas en que las comunidades enfrentamos las problemáticas ambientales.
Participar en ENJUVES 2026 me permitió compartir esta perspectiva junto a jóvenes de distintos países y, al mismo tiempo, aprender de otras experiencias de defensa territorial y protección de la naturaleza.
Me llevo la certeza de que necesitamos seguir construyendo puentes entre los acuerdos internacionales y las comunidades. Escazú debe caminar por nuestros territorios, llegar a nuestros barrios, ríos, manglares y comunidades.
Porque participar no significa solamente estar presentes.
Participar también significa ser escuchadas, poder proponer y tener la posibilidad de incidir en las decisiones que afectan nuestras vidas y nuestros territorios.
Desde Ecuador, y especialmente desde Esmeraldas, seguiré apostando por una participación juvenil que reconozca nuestros saberes y por espacios donde las voces negras no sean utilizadas para llenar lugares, sino reconocidas como protagonistas en la construcción de justicia ambiental.
Escazú también es nuestro. Y los territorios tienen que ser protagonistas.



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