Kevin Ubillús Echeverría | Psicoanalista LGBTIQ+ 

Cada 23 de septiembre conmemoramos el Día Internacional de la Visibilidad Bisexual. Más que una simple efeméride en el calendario es una provocación intelectual y afectiva que nos invita a repensar cómo entendemos la orientación sexual. A menudo atrapada en el fuego cruzado entre la heterosexualidad y la homosexualidad, la bisexualidad nos recuerda que la identidad no necesita encajar en cajas rígidas.

Para entender la bisexualidad actual, primero debemos desaprender algunos clichés que siguen orbitando nuestro imaginario social:

  • Mito: Es solo una «fase» de transición, confusión o indecisión.
  • Verdad: Es una orientación sexual legítima, estable y con su propia historia política.
  • Mito: La palabra refuerza el binarismo de género lo cual se traduce en: solo atracción a hombres y mujeres.
  • Verdad: El Manifiesto Bisexual de 1990 ya lo aclaraba: la bisexualidad es la atracción hacia más de un género; no asume que existan solo dos. 
  • Mito: Las personas bisexuales son inherentemente poliamorosas o incapaces de la monogamia.
  • Verdad: La orientación sexual no dicta el modelo relacional. Una persona bisexual se puede enamorar de una mujer y mantener una relación monogámica. O quizás enamorarse de un hombre y tener una relación abierta y poliamorosa. 

El hecho de ser bisexual no dicta una sola forma de serlo. Eso es pensar dentro de un sistema de control para permitirlo en la sociedad. Lo que me causa pregunta ¿Hasta la bisexualidad que trata de salir de lo impuesto social y del binarismo hay que estandarizarlo con regularidades “sociales” para que sea una orientación sexual aceptada? Por otro rumbo, antes el psicoanálisis pensaba que la bisexualidad era una situación donde el sujeto no quería elegir, haciendo existir el discurso binario donde solo se puede elegir entre enamorarse de un hombre o de una mujer. En la actualidad es completamente diferente, donde ser bisexual es una forma de amor donde no solo se puede escoger a 2 personas, sino de que no hay mucho que teorizar, sino de escuchar como un sujeto ama y siente. 

Con la popularización de etiquetas como la pansexualidad y la justa visibilización de las identidades no binarias, es común preguntarse: ¿quedó obsoleta la bisexualidad? La respuesta es que no. El hecho de que existan nuevas formas de identificación, géneros u orientaciones sexuales, hace que las anteriores sean obsoletas. La bisexualidad sostiene su relevancia funcionando como un término paraguas histórico. Hoy, muchos teóricos y activistas redefinen el prefijo «bi» no como «dos», sino como atracción hacia «mi propio género y géneros distintos al mío». De esta forma, la bisexualidad dialoga orgánicamente con las nuevas formas de relacionarnos, abrazando la diversidad de género sin perder su peso político.

El psicoanálisis contemporáneo nos ofrece herramientas fascinantes para leer este fenómeno. Atrás quedaron las lecturas clásicas que intentaban normativizar la sexualidad; hoy se asume el deseo como un mapa abierto y móvil. Como bien articula la psicoanalista argentina en sus estudios sobre la diversidad sexual: «La desconstrucción del binarismo nos permite pensar en subjetividades y deseos fluidos, donde las elecciones objetales no están predestinadas por la anatomía ni limitadas a categorías excluyentes». (Glocer, 2015, p. 42).

El deseo es, en su raíz freudiana más pura, ingobernable y diverso. Celebrar la visibilidad bisexual es, en el fondo, celebrar esa libertad psíquica. Es reconocer que el amor y la atracción son mucho más grandes que las etiquetas restrictivas que a veces intentamos imponerles.

Referencia:
Glocer Fiorini, L. (2015). La diferencia sexual en debate: Cuerpos, deseos y ficciones. Lugar Editorial.

Amandla Medio