Más de 120 mujeres afromexicanas y afrodescendientes se encontraron en Oaxaca para seguir juntando fuerzas, saberes y voluntades.


Hay momentos en los que encontrarse deja de ser solo una posibilidad y se convierte en una necesidad. Eso pasó en Oaxaca, México, donde más de 120 mujeres afromexicanas y afrodescendientes se reunieron para compartir lo caminado durante estos diez años, reconocer los desafíos que permanecen y reafirmar que los procesos colectivos necesitan seguir encontrándose.
El décimo Encuentro de Mujeres Afromexicanas y Afrodescendientes reunió a mujeres de distintos territorios de México junto a compañeras de Colombia y Brasil. Más que poner en común experiencias, el encuentro permitió reconocer que muchas de nuestras luchas están atravesadas por historias similares y que compartir saberes, herramientas y experiencias también es una forma de construir fuerza. Una fuerza que no nace de ahora: nuestras ancestras ya sabían que juntas se resiste, se cuida, se celebra y se construye.

De ese encuentro nace la Alianza Nacional de Lideresas Afromexicanas y Afrodescendientes. Una apuesta por articular liderazgos, acompañarse, fortalecer procesos de formación y construir agendas desde las realidades de las mujeres y sus territorios. No se trata solamente de sumar organizaciones o nombres, sino de juntar voluntades, capacidades y esfuerzos. De ennegrecer también los espacios de decisión y recordar que nuestras voces, nuestros saberes y nuestras formas de organizarnos tienen un lugar en la construcción de futuro.
Desde Ecuador miramos este proceso con mucho cariño y profundo orgullo, porque sabemos lo que significa sostenerse colectivamente. No es fácil. Pero, también sabemos que detrás de cada organización hay años de trabajo, mujeres que han abierto camino, jóvenes que empiezan a tomar la posta y redes de cuidado que muchas veces permiten que los procesos sigan vivos. Pero también hay algo más: la alegría de encontrarnos, de reconocernos en otras, de compartir la palabra y celebrar nuestras existencias. Ese júbilo de la negritud que también hace de la juntanza un lugar para volver a respirar.

En tiempos de autoritarismos, racismo y retrocesos en derechos, lo colectivo vuelve a ser una forma de sostener la vida y de hacer política. Juntarnos, escucharnos y construir alianzas entre territorios es también una manera de honrar los caminos que abrieron nuestras ancestras y de abrir otros para quienes vienen. Oaxaca nos recuerda que nuestras luchas no están aisladas y que, cuando juntamos voluntades, saberes y esfuerzos, seguimos haciendo de la juntanza una fuerza negra capaz de imaginar y construir presentes y futuros más vivibles.


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