El Observatorio de Derechos Humanos Afroecuatorianos (ODHA) nace de una apuesta colectiva por fortalecer la defensa de los derechos del pueblo afroecuatoriano y documentar las desigualdades raciales que persisten en el país. Su creación responde al mandato del Tercer Congreso Unitario del Pueblo Afroecuatoriano, celebrado el 26 y 27 de septiembre de 2020. Desde entonces, su trabajo comprende la investigación y documentación de vulneraciones de derechos, la incidencia en políticas públicas, la formación, el acompañamiento legal y la visibilización de las realidades que enfrenta esta población.

La existencia del ODHA también marca un precedente en la construcción de herramientas colectivas para comprender y enfrentar el racismo en Ecuador. Documentar las vulneraciones de derechos desde una perspectiva afrocentrada permite disputar los silencios institucionales, cuestionar las formas en que se representan las desigualdades y generar información que contribuya a fundamentar las demandas del pueblo afroecuatoriano. Esta labor es fundamental para que las experiencias y necesidades de la población afroecuatoriana tengan un lugar en las discusiones públicas, en la formulación de políticas y en los procesos de exigibilidad de derechos. 

Pero, también implica preguntarse cómo se construye el conocimiento sobre el racismo, qué experiencias se reconocen y cuáles quedan fuera de las explicaciones sobre las desigualdades. No basta con registrar las vulneraciones: es necesario cuestionar las estructuras que las producen y las formas en que se interpretan. Construir otras miradas supone reconocer que las personas y comunidades afroecuatorianas no son únicamente objeto de investigación, sino sujetas productoras de conocimientos, capaces de aportar sus propias preguntas y lecturas sobre la realidad.

Esta apuesta estuvo presente el 15 de octubre de 2026, en FLACSO Ecuador, durante el coloquio Racismo estructural, silencios estadísticos y una mirada afrocentrada sobre las desigualdades en Ecuador. El encuentro reunió a Juanita Francis Bone, Luis Andrés Padilla Suárez y John Antón Sánchez para discutir distintas expresiones del racismo, desde la criminalización de los cuerpos negros y las prácticas institucionales hasta las formas en que las estadísticas registran, representan, deshumanizan o invisibilizan las desigualdades, en compañia de Marisol Zova, miembra del ODHA

Juanita Francis Bone planteó la necesidad de cuestionar las prácticas y estructuras institucionales que reproducen el racismo, así como la aparente ingenuidad con la que suelen justificarse determinadas actuaciones de la blanquitud. Lo que se presenta como espontáneo, improvisado o carente de intención no está libre de las estructuras históricas de poder que atraviesan nuestras relaciones. Por eso, cuestionar estas prácticas es fundamental para reconocer cómo el racismo se normaliza y reproduce, incluso cuando no se nombra como tal.

Esta reflexión también invita a humanizar los datos y disputar las formas institucionales de interpretar la realidad. Las experiencias de quienes viven el racismo no pueden descartarse porque no encajen en las categorías, los registros o las maneras de leer la realidad desde las instituciones. Cuando esto ocurre, existe el riesgo de borrar aquello que las personas han vivido y de convertir sus experiencias en información desprovista de contexto, emociones e historia. Humanizar el dato implica reconocer que detrás de cada cifra hay vidas, relaciones y experiencias que no siempre caben en los instrumentos de medición. También supone cuestionar quién tiene la autoridad para interpretar esas experiencias y por qué determinados conocimientos son reconocidos mientras otros se desestiman.

Durante su intervención, Luis Andrés Padilla Suárez planteó la importancia de un giro afectivo para comprender las experiencias traumáticas que produce el racismo. A propósito de su investigación Cuerpos del delito: Criminalización racial hacia jóvenes afroecuatorianos en Quito, publicada en la Revista Sarance en 2025, invitó a cuestionar las formas tradicionales de estudiar estas violencias y a reconocer que las emociones también son productoras de conocimiento. El racismo no constituye únicamente una experiencia social que se manifiesta en las relaciones y las estructuras de poder; también atraviesa los cuerpos, las emociones y la manera en que las personas se perciben y habitan el mundo. El miedo, la rabia, la angustia y otras respuestas afectivas no son elementos secundarios ni experiencias separadas de lo que ocurre socialmente: permiten comprender las huellas de la violencia racial y las formas en que esta se incorpora a la vida cotidiana. 

Por su parte, John Antón Sánchez centró su intervención en las estadísticas y en la persistencia de las desigualdades que afectan a la población afroecuatoriana. Los datos permiten identificar brechas sociales y observar su continuidad, pero también plantean preguntas sobre cómo se construyen las mediciones, qué categorías se utilizan y qué realidades quedan representadas o invisibilizadas. 

Esta discusión abre preguntas sobre la reparación. Cuestionar las formas en que se produce conocimiento sobre el pueblo afroecuatoriano permite identificar silencios, revisar interpretaciones que han contribuido a invisibilizar desigualdades y fortalecer las demandas de justicia. La producción de conocimiento no sustituye las medidas de reparación que corresponden al Estado, pero puede contribuir a documentar los daños, fundamentar las exigencias colectivas y orientar políticas públicas que respondan a las condiciones históricas y estructurales que sostienen el racismo.

Para el Observatorio de Derechos Humanos Afroecuatorianos, construir otras miradas sobre el racismo significa vincular la investigación con la defensa de derechos y reconocer que el conocimiento también es un terreno de disputa. Poner los datos en tensión, escuchar las experiencias de las comunidades y cuestionar las categorías con las que se explica la desigualdad son parte de una misma apuesta: comprender el racismo en sus múltiples expresiones y producir herramientas que contribuyan a transformar las condiciones que lo reproducen.