A finales de 2025, Amandla Medio Digital y el Colectivo Mujeres de Asfalto decidimos postular a la Escuela de Comunicación y Tecnologías Libres para la Defensa Común del Territorio, la escuelita común, como después empezamos a llamarla. No teníamos muchas certezas, pero sí una intuición clara: necesitábamos seguir formándonos para sostener procesos comunicacionales propios en un contexto cada vez más adverso. Llenar el formulario nos tomó varios días. Entre tiempos cruzados y dudas, apareció también esa sensación de estar apostando por algo que no terminábamos de comprender del todo, pero que ya nos interpelaba y que realmente sería significativo.
En diciembre llegó la respuesta y, con ella, la dimensión colectiva del proceso. Fuimos seleccionadas junto a organizaciones de distintos territorios de Abya Yala: Organización Cuatro Palabras de Colombia, Cooperativa de Trabajo La Rastrojera de Argentina, Defensa Ambiental Valle Grande y Radio Roja de Argentina, el Comité de Reconstrucción y Desarrollo Económico Social de las Comunidades de Suchitoto en El Salvador, Tejiendo Territorios de Colombia, Radio 8 de Octubre de Costa Rica, la Corporación de Pobladores Históricos de la Cordillera de Futrono en Chile, Indymedia Ecuador, B.F.S. Basta de Falsas Soluciones de Argentina, la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarixs (ACEU) y Moshikas Diversas de Perú. Con el tiempo, esos nombres fueron tomando cercanía, hasta volverse parte de un mismo tejido. Lo que empezó como una decisión incierta se fue llenando de sentido.
El proceso se organizó en tres momentos. Primero, la etapa virtual entre enero y marzo, donde empezamos a encontrarnos y a construir un lenguaje compartido. En un Ecuador atravesado por tensiones políticas y comunicacionales, donde las narrativas están en disputa permanentemente, esta experiencia cobró un sentido particular. La soberanía tecnológica dejó de ser una idea lejana y se volvió una necesidad concreta, pensar cómo sostener nuestras propias infraestructuras, cómo cuidar la información y cómo narrarnos sin depender de plataformas que responden a otros intereses hoy para nosotras es fundamental.
Luego vino la etapa presencial, del 19 al 29 de marzo de 2026 en Argentina. Ahí, los vínculos se volvieron cuerpo, tiempo y experiencia compartida. Llegar a Argentina fue habitar algo difícil de nombrar por tantas emociones sentidas al mismo tiempo. En Haedo construimos, casi sin darnos cuenta, una especie de patria hecha de afectos, donde las fronteras perdieron sentido. Fueron días intensos, atravesados por el deseo de aprender y el habitar, una aparente, gran contradicción: comprender lo digital desde lo presencial, desde los cuerpos compartiendo el mismo espacio, los mismos tiempos y mismos silencios.
Nuestra estadía coincidió con la marcha del 24 de marzo por Memoria, Verdad y Justicia, donde realizamos la cobertura de este hito social. Fue uno de los momentos más íntimos para quienes asistimos. Más allá de lo técnico, se volvió un espacio de conexión profunda con nuestras propias memorias. Para nosotras, que veníamos de Ecuador, también fue una oportunidad para seguir nombrando a Ismael Josué, Steven y Nehemías, y a todas las personas que el Estado nos ha arrebatado. Fue un puente para transformar ese dolor que cargamos en la posibilidad de otros horizontes.
Durante estos días, también, Antena Negra TV fue un lugar clave durante la etapa presencial. Fue casa en muchos sentidos: en la comida, en el descanso y en las conversaciones que no se encontraban dentro de la agenda. Ahí entendimos que los cuidados no son algo adicional, sino la base que sostiene todo lo demás.
Ahora se abre la última fase, entre mayo y julio, enfocada en llevar lo aprendido a nuestros territorios. La escuelita común deja aprendizajes que van más allá de lo técnico. Nos llevamos herramientas, pero también formas de organizarnos, de acompañarnos y de sostener procesos en colectivo. El desafío es que todo eso tome forma en nuestros territorios, desde nuestras propias realidades.
Al mirar hacia atrás, lo más importante no es solo lo aprendido, sino los vínculos, la confianza y esa idea de una patria que no se define por fronteras, sino por compromisos, por sueños comunes.
Agradecemos profundamente a todas las organizaciones y personas que hicieron posible este proceso. Seguimos, desde donde estamos, intentando sostener y expandir lo que aquí comenzó.
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