• Ayer fue encontrada sin vida Nathaly Mafla, una joven universitaria que salió de su natal Mira con la ilusión de cumplir sus anhelos y metas en la capital. También se confirmó el fallecimiento de Monika Silva, una mujer que era madre, hija y amiga, y que además dedicó parte de su vida a la defensa de derechos y a denunciar la corrupción en la provincia de Santa Elena. Su muerte fue reportada la noche del 8 de junio en su vivienda, en la comuna Montañita, en circunstancias que aún no han sido esclarecidas por las autoridades. 
  • En apenas cuatro días, al menos diez personas han perdido la vida en distintos hechos de violencia registrados en San Lorenzo, Rioverde y la ciudad de Esmeraldas.En el cantón San Lorenzo se reportó la muerte de Rey Lerma. En Rioverde, tres jóvenes: Leonel Rorero, de 28 años; Gino Xavier, de 16; y Antonio Arunátegui, de 22 años,  perdieron la vida en un hecho violento registrado en el sector de Tapaila.
  • En la ciudad de Esmeraldas, dos de los casos ocurrieron en la parroquia Tachina. Otro hecho violento cobró la vida de Yasser Palma, de 19 años, en el sector de Codesa. También falleció Darío Portocarrero Contreras mientras transitaba por el sector de la Parada 7. La pérdida más reciente es la de Kerlin Vaca Lajones, una adolescente de 13 años del sector Santa Martha.Una niña que estaba recién empezando a vivir.
  • A este panorama se suman otros hechos que mantienen en zozobra a la población esmeraldeña. En el sector Coquito Alto se registró un atentado con explosivos que provocó daños en varias viviendas y vehículos. Asimismo, la ciudad enfrentó un incendio de gran magnitud en la central termoeléctrica.
  • Y como si todo esto no bastara, el país también conoció, la mañana de este 3 de junio, la confirmación de la muerte de Anthony Martínez, Juan Carlos Martínez, Roy Martínez, Ariel Vera, Jackson Castro, Ricardo Castro, Jeremy Castro y Andy Sáenz, encontrados en la vía Jujan-Babahoyo tras permanecer desaparecidos durante tres días.Dos de ellos eran menores de edad. 

No nos olvidemos de lo que no es público. Esas muertes también están ahí y duelen, aunque no sean nombradas. 

Sí, la lista de nombres es larga, necesariamente larga. Porque ninguna de las personas que acabamos de nombrar era un nadie. Detrás de cada una de ellas hay proyectos, afectos, comunidades y familias que hoy enfrentan ausencias irreparables. Reducirlas a cifras sería una segunda forma de borrar lo que significaron en vida.

Esto también es en honor a quienes conocemos y a quienes no. A quienes hemos nombrado y a quienes permanecen fuera de los titulares, pero sabemos que siguen perdiendo la vida. 

Mientras escribimos estas líneas se nos eriza la piel porque tanto dolor no es normal. ¿Hace cuánto empezamos a convivir con esta violencia? ¿Hace cuánto dejó de sorprendernos para convertirse en parte de la rutina informativa de cada día?La cruenta realidad que atraviesa hoy al Ecuador nos está asfixiando. Ya no se trata únicamente de duelos personales; son duelos colectivos. Es imposible permanecer indiferentes ante el sufrimiento de quienes comparten con nosotros un país fracturado por la violencia.

Ya no hace falta conocer personalmente a quienes faltan para sentir el peso de estas pérdidas. Hoy no te tocó a ti ni a tu familia, pero le ocurrió al de al lado, al que ves todos los días cuando sales en la mañana a comprar pan y eso también debería estremecernos.

Sentimos miedo, dolor, coraje e indignación. Porque nadie responde. Porque quienes deberían protegernos parecen haberse acostumbrado a una realidad a la que la ciudadanía todavía se resiste a normalizar. Las palabras no devuelven vidas, pero al menos ofrecen sosten y responsabilidad. Sin embargo, frente a todo este horror, hemos recibido muy poco.

Por parte de este “Nuevo Ecuador”, las respuestas han sido insuficientes para el tamaño de la herida que atraviesa el país. Y cuando llegan, suelen sentirse distantes del dolor cotidiano, soberbias. Tal cual como esas disculpas públicas para los familiares de Steven, Nehemías, Josué e Ismael.  Hoy no venimos a reportar noticias porque estos ya no son hechos aislados ni excepcionales. Son la dolorosa cotidianidad que estamos viviendo y si algo nos queda, es aferrarnos a una esperanza que no sea pasiva, sino movilizadora. La esperanza que nos mantiene denunciando, exigiendo justicia, acompañando a las familias, nombrando a quienes faltan y señalando la indiferencia frente al sufrimiento de un país que se desangra.